¿Deberíamos irnos a Silicon Valley? (I)

No, podéis estar tranquilos queridos usuarios, esto no es un post anunciando una nueva localización para la aventura que tenemos entre manos en GPMESS. Pero sí que es un pequeño resumen de lo vivido en San Francisco la semana pasada, en la que tuve la oportunidad de conocer el valle y la ciudad de las cuestas gracias a La Caixa y el premio de Emprendedor XXI que ganamos en mayo y que ya llevó a Bada a Cambridge en verano.

Ha sido un viaje de experiencias, como las que nos gustan compartir en los yipis, en el que aparte de hacer mi primer viaje cruzando el Atlántico (para ver el Pacífico) en un vuelo de casi tantas horas como los autobuses que suelo usar para cruzar España, me introduje en un mundo totalmente diferente al que conocemos. Aquí estamos en plena burbuja emprendedora, pero con todo por hacer. Allí constantemente se habla del ecosistema de Silicon Valley, algo que nadie define con exactitud pero que todos saben que o estás dentro y actúas como uno más, o no tienes nada que hacer allí.

Pero empecemos por el lugar en sí: San Francisco. Hay que reconocer que teníamos un hotel -y una habitación- en un lugar genial, junto a Union Square, desde donde he podido ir caminando al barrio chino o hasta los Yerba Buena Gardens donde está el Moscone Center, el sitio que acoge las enormes conferencias de desarrolladores de Google o Apple, por ejemplo (aunque ahora solo acogía una convención de agentes inmobiliarios). La ciudad es tal y como te la imaginas, con sus alcantarillas humeantes, sus rascacielos del distrito financiero, sus establecimientos de comida rápida y sus cochazos. También tiene otra cara con su gran cantidad de homeless, su ración de gente gritando todo tipo de consignas a cada cual más rara por la calle y sus barrios por los que no pasaría una vez puesto el sol ni loco.

San Francisco

El concepto del valle es bastante amplio, pues para ir a las sedes de las empresas que visitamos había que ir a Mountain View, Palo Alto, San José… y entre las distancias y los interminables atascos (allí todo el mundo va solo en su enorme coche) cada trayecto era hora y media tranquilamente. Las conversaciones en el autobús con los compañeros emprendedores probablemente fueron de lo mejor del viaje: la oportunidad de cambiar opiniones y experiencias con otras personas que han estado en el mismo sitio que tú antes, o que están ahora, es impagable. Y no sólo por todo lo que aprendí de rondas de financiación, negociaciones, tácticas de marketing, modelos de negocio… sino por todo tipo de charlas de lo divino y de lo humano que fueron desde las leyes de la física a Mourinho pasando por un montón de paraguas.

Y volviendo al ecosistema¿qué hace tan diferente a Silicon Valley? Todo está allí: miles de empresas tecnológicas, personas y empresas deseosas de ser early adopters de cualquier tecnología y, sobre todo, dinero, mucho dinero en manos de todo tipo de inversores -pequeños, grandes y enormes-. Entonces, como empresa tecnológica, ¿no deberíamos estar allí? Sobre este tema versaron muchas de las charlas que nos dieron a lo largo de la semana algunos españoles que están triunfando en aquellas tierras, y la conclusión es que no hay que dejarse arrastrar por los cantos de sirena. Es un paso crítico, muy muy caro y que sólo se debe hacer si todo apunta a ello: tus usuarios potenciales están allí, tus clientes están allí -y a ser posible, ya tienes algunos- y vas a necesitar dinero de firmas estadounidenses. Y aún si todo apunta en esta dirección, hay que pensarlo otras mil veces por lo que conlleva a nivel personal y familiar el estar a dos aviones de distancia y a nueve horas de diferencia horaria de casa, en un país en el que el alquiler y la sanidad son terriblemente caros.

Pero ojo, que no nos vayamos a plantar en ya allí ¡no quiere decir que no haya venido con un nuevo espíritu y fuerzas renovadas! Tengo un cuaderno lleno de notas para aplicar a GPMESS y que compartiré con vosotros en la segunda parte de esta historia. Y también os contaré al detalle qué empresas vimos y qué personas me impresionaron más. Aparte del esqueleto de dinosaurio de los jardines de Google, ¡claro!